Piñera y sus propuestas para cuarta revolución industrial

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Incorporar a Chile de lleno en la era digital es unas de las promesas más destacadas del programa de ciencia y tecnología de Sebastián Piñera, quien asumirá como presidente en marzo de 2018.
 
Piñera quiere impulsar el “lenguaje digital” en la educación básica, conectar a internet de alta velocidad a todas las escuelas del país y crear una academia virtual —en colaboración con universidades e institutos académicos chilenos y mundiales— que ofrecerá cursos digitales gratuitos sobre ciencia, tecnología y futuro.
 
Además, promete continuar impulsando el desarrollo de la industria de la información, el aprovechamiento de ‘laboratorios naturales’ (la investigación astronómica en el norte, por ejemplo), y mejorar FONDECYT, el fondo chileno para la investigación científica básica.

Es una postura enmarañada, que expresa improvisación y lugares comunes, marcadamente orientada hacia la innovación y el emprendimiento, en vez de hacia el desarrollo científico y tecnológico…

Jorge Gibert, Asociación Latinoamericana de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología

Jorge Gibert, directivo de la Asociación Latinoamericana de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología e investigador de la Universidad de Valparaíso, considera las propuestas confusas, de variada naturaleza (logísticas, tributarias, educativas y de negocios) y no articuladas:
 
“Es una postura enmarañada, que expresa improvisación y lugares comunes, marcadamente orientada hacia la innovación y el emprendimiento, en vez de hacia el desarrollo científico y tecnológico…”.
 
Pero reconoce la relevancia de acercar la ciencia a la ciudadanía, fortalecer el FONDECYT mediante un fondo para investigadores senior y crear mecanismos efectivos para la inserción de becarios.
 
En todas estas iniciativas el Ministerio de Ciencia y Tecnología —aún tramitándose en el Parlamento y que, de aprobarse, dará sus primeros pasos en el nuevo gobierno— tendrá un rol fundamental.
 
El programa del próximo presidente habla de un “nuevo ministerio a cargo de ciencia, educación superior, tecnología e innovación…”, es decir, opta por la integración de todas estas áreas contra otra postura de algunos científicos de separar la educación, investigación y los programas de emprendimiento e innovación.
 
Jorge Babul, bioquímico y presidente del Consejo de las Sociedades Científicas de Chile, dice a SciDev.Net que, según su gran experiencia, Chile no está preparado para la integración, aunque la apoya en el largo plazo.
 
Piensa que por el momento sería mejor mantener la educación superior bajo el ministerio del ramo, a la Comisión Nacional de Ciencia y Tecnología (Conicyt) en el nuevo Ministerio, y a los programas de la Comisión de Fomento a la Producción (CORFO) sobre innovación empresarial y a transferencia tecnológica en el Ministerio de Economía.
 
Pablo Riveros, de la Vicerrectoría de Investigación y Desarrollo de la Universidad de Chile, en cambio, es partidario de la integración multisectorial:
 
“Si bien el nuevo Ministerio puede ser un avance en la coordinación de instituciones  relacionadas con investigación científica…queda pendiente la articulación de éstas con los fondos sectoriales dependientes de distintos ministerios, incluidos los fondos destinados a innovación que maneja CORFO”, afirma.
 
Los tres entrevistados subrayan que el desarrollo de la I+D en Chile requiere aumentar su financiamiento significativamente. Chile gasta el 0,4 % de su PIB en I+D, comparado con un 1 por ciento en Argentina y Brasil; 4,36% por ciento en Corea del Sur y 2,38 promedio en la OCDE.

Pero el programa de ciencia y tecnología de Piñera no menciona cifras.
 
Según Gilbert, los objetivos del futuro Ministerio son diáfanos pero los mecanismos y el financiamiento adicional no han sido declarados aún (por Sebastián Piñera). Sin ellos, es probable que no cumpla su programa, dice.
 
El programa ofrece soluciones para el grave problema chileno de la reinserción de doctores y magisters que han terminado sus estudios pero tampoco dice cómo se financiarán. Babul calculó que insertar solo a uno de ellos en una universidad equivale a un quinto del presupuesto de Conicyt (aproximadamente US$100 millones).
 
Entre 2010 y 2017 hubo en Chile 310 mil posgraduados. A ellos se suman otros 3.000 que están estudiando en el extranjero con becas Conicyt y que están obligados a devolver con trabajo en el país los años de beca, pero las universidades no pueden emplearlos a todos.
 
Focos centrales del programa de CyT de Piñera son la incorporación del sector privado a la investigación científico-tecnológica y al desarrollo de proyectos de innovación, con acento especial en los pequeños empresarios.
 
El sector privado contribuye solo con 35 por ciento del gasto chileno en I+D; en Europa es alrededor de 70 por ciento. La mayor parte corresponde a las universidades, que acuden a fondos de investigación de instituciones gubernamentales, principalmente Conicyt.
 
Babul y Riveros comentan que será un desafío romper con la cultura empresarial chilena, que ha desalentado hasta ahora la investigación conjunta entre empresas, universidades y entes estatales.

Fuente: www.scidev.net

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