Carina Lion: Las TIC en la educación superior: la clase universitaria interpelada

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Carina Lion (Argentina)
Doctora en Educación, UBA
Docente en Fundamentos de Tecnología Educativa, FfyL, UBA, y en distintos posgrados en temas de Docencia Universitaria y Tecnología Educativa.
Investigadora en el Instituto de Investigaciones en Ciencias de la Educación, UBA
@carinalion

carinalionLa enseñanza universitaria no se ha visto muy sacudida en los últimos años. Es cierto que han ingresado las tecnologías en las aulas pero esto no ha implicado un cambio sustantivo en la manera en que se concibe la enseñanza en el nivel superior. Persiste fuertemente la secuencia lineal progresiva desde la cual hay que desplegar la teoría para luego aplicarla en la práctica; exponer autores y conceptos; desarrollar inventarios de contenidos extensos. Es curioso notar que muchas profesiones y disciplinas se han visto atravesadas fuertemente por las tecnologías (la medicina, la geografía, la contabilidad, etc.) y, sin embargo, la docencia, en mi opinión, no está suficientemente interpelada en sus principios y estrategias.

En este sentido, los campos virtuales han logrado consolidarse como una de las prácticas más usuales de inclusión de tecnologías en el nivel superior reproduciendo más que transformando la clase universitaria. Es cierto que hay muchas prácticas diseñadas especialmente desde lugares inspiradores y novedosos; pero, en su mayoría, los entornos virtuales reproducen el formato clásico de la clase: explicación-ejercitación-explicación.

Como docentes universitarios nos encontramos frente a una incomodidad necesaria. Tal como menciona Serres (2013), el saber hoy se encuentra distribuido en Internet, es de fácil acceso y por eso tenemos el desafío de “inventar”; de crear algo diferente en nuestra clase; propuestas que articulen de otras maneras con nuestros estudiantes; que lo inviten a querer profundizar y a construir de manera colectiva caminos creativos y originales que vayan “más allá de la información dada”. Acordamos con este desafío de rediseñar prácticas de enseñanza intencionales, meditadas, que favorezcan experiencias de aprendizaje relevantes; que dejen huellas, lo que he dado en llamar “tatuajes cognitivos”. Esta metáfora da cuenta de una inscripción en la piel; en este caso estas huellas cognitivas dan cuenta de otras maneras de concebir y de construir con otros el conocimiento en la universidad; formas de inteligencia colectiva en las que se entraman subjetividades, emociones, pasión por saber,  la reconstrucción de la experiencia. Son tatuajes que van mutando y se van modificando en relación con la experiencia y los aprendizajes; que se van diseñando en la medida en que la enseñanza va dejando huellas fuertes en nuestra piel. Este desafío se transforma en un compromiso moral por la buena enseñanza y nos ofrece la oportunidad de re-pensarnos como docentes.

En este marco, reconocemos  la necesidad de fortalecer ciertos procesos de descentralización en los aprendizajes teniendo en cuenta la diversidad cognitiva, los ritmos diferentes y variados, abordajes diversificados de temas de difícil comprensión, la complejidad disciplinar; las articulaciones con las prácticas profesionales; los perfiles cambiantes de las profesiones; entendemos que hay  una suerte de tensión entre la centralidad del rol docente como clara brújula del sentido de las prácticas pedagógicas y los aprendizajes descentralizados pero contextualizados que ocurren en todo tiempo y lugar. Ubicamos las tecnologías  no como instrumentos sino como herramientas, desde el sentido vigotskiano de concebirlas desde un lugar relacional; entendiendo que nos transforman con sus usos y nos revelan parte de nuestros procesos de pensamiento cuando se incluyen para documentar y para registrar nuestros caminos de conocimiento.

Nos queda el desafío  imaginar aulas diferentes, más porosas, es decir con intercambios con el afuera, con articulaciones entre las tecnologías, lo académico y lo experiencial; con la vanguardia pero también con la fuerza de lo mejor de nuestras tradiciones universitarias; revisitadas desde el lugar de la enseñanza que queremos; de la clase que nos incomode. El exceso de recursos y de herramientas digitales puede ser un obstáculo excepto que recuperemos la potencia de las producciones colectivas de la cultura (en las que se encuentran las tecnologías en todas sus expresiones y aplicaciones) en el marco de una educación más justa, equitativa, solidaria.

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